— de Madrid a la cordillera —
Pácora, 1.900 metros. Una finca cuidada por dos generaciones,
donde el café crece despacio entre niebla y caña de azúcar.
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"Al otro lado del Atlántico hay un país
donde el café se sirve sin reloj,
y la niebla se queda a desayunar."
— así nació CIMA
Fredonia, finca de Jon Jairo
Hay mañanas en que la niebla baja despacio por la ladera y todo se queda en silencio.
El café aparece en una jarra de barro, sin medidas, y se reparte sin prisa. CIMA empieza ahí — en una mesa larga, después de comer, en una casa que huele a panela y a tierra mojada.
Llegar a esa mesa lleva un avión, un coche y, las últimas horas, un caballo. Pero merece la pena.
Lo que ofrecemos aquí es exactamente eso: el café que se toma en esa mesa. Ni más ni menos. Si te gusta, lo seguiremos teniendo. Si no, también está bien.
Cafetero desde 1985. Cuarenta años en la misma tierra, mirando los mismos amaneceres entre niebla, conociendo cada árbol por su nombre. Dos generaciones perfeccionando un solo café.
Su café sabe a panela porque alrededor de los cafetos crece caña de azúcar. Las raíces se mezclan en el suelo y el grano se contagia. No es marketing — es cómo crece allí.
Tres décadas haciendo café en Fredonia. La finca está más lejos, en otra cordillera, con otra altura y otro suelo. Otro mundo dentro del mismo país.
Su café sabrá distinto al de Gustavo. No mejor, no peor — distinto. Una misma familia que les acoge a los dos, dos cosechas que cuentan dos paisajes.
A 1.900 metros las cosas pasan despacio. La niebla baja por la mañana y sube por la tarde. La fruta del cafeto madura tres veces más lento que en una llanura. Cada cereza se ha pasado meses absorbiendo todo lo que la rodea.
Por eso el café de Pácora sabe como sabe — y por eso el de Fredonia sabrá distinto. La cordillera no es decoración. Es lo que hace que el café exista.

"A la finca de Gustavo
se sube a caballo.
Y cada saco baja en mula,
uno a uno, por el barro."
— Pácora · Caldas
No hay atajos. Cuatro etapas, todas a mano, todas en origen.
Marzo · abril
El cafeto florece blanco. Huele a jazmín. Dura tres días. Si llueve fuerte, la flor se cae. Si hace sol, queda. Esa lotería decide la cosecha.
Septiembre · noviembre
La flor se vuelve grano verde. El grano se vuelve cereza roja. Ocho meses absorbiendo niebla y altura. Cada cereza tiene dos granos dentro.
A mano · cereza por cereza
Solo las rojas. Las verdes se quedan. Los recolectores suben y bajan la ladera con cestas de mimbre. Dos semanas de trabajo para una cosecha entera.
28 días al sol
El grano se seca con su pulpa al sol. Lento. Removido a mano dos veces al día. La pulpa azucarada le da el sabor a fruta roja y caramelo.
El Paisaje Cultural Cafetero de Colombia, declarado por la UNESCO.
Pácora y Fredonia están dentro de esa zona protegida. Son seis departamentos donde el café no es solo un cultivo: es la forma en que las familias han vivido durante más de cien años. El paisaje, las casas, la arquitectura, las costumbres y el café forman una sola cosa.
Cuando compráis CIMA, no compráis solo café. Sostenéis un modo de vida que la UNESCO considera digno de ser preservado para el mundo entero.
La primera cosecha de CIMA es pequeña, intencionalmente.
80 bolsas de 250g y 10 de 500g. Cada una numerada a mano. Cada lote único. Cuando se acaben, llegará la 081 (Fredonia) y será otra. La intención es esa: que cada edición sea irrepetible.
No es marketing de escasez — es la realidad de una primera cosecha familiar. Así de simple.
Sabe a cacao, fruta roja y caramelo. La caña de azúcar de la finca le da un fondo dulce que no se olvida.
Lote 080. Recolectado cereza por cereza, a mano, cuando el rojo es exacto. Procesado natural: el grano descansa al sol con su pulpa, lento, durante semanas. Tueste medio en origen, para que el viaje no le robe carácter.
cacao · fruta roja · caramelo · panela
— Próxima edición —
Fredonia 081
El café de Jon Jairo está creciendo en otra cordillera. Cuando esté listo, lo traeremos. Sin prisa.
~ una calle de pueblo cafetero ~
Cada paquete cruza un océano y llega con un poco de niebla dentro.
Una bolsa de café, una nota a mano, una promesa pequeña: que la mañana en que abras esta bolsa te lleve, por unos minutos, a una mesa larga al otro lado del mundo. Un pueblo de balcones verdes, un café servido sin reloj, una conversación que no tiene prisa.
Eso es lo que se trae. Eso es CIMA.
— Hasta el próximo viaje.